Me acuesto a escribir,
velador de escritorio
ilumina contra la pared.
No muy lejos,
se oye el tic-tac que corta
la supuesta quietud de fondo,
de la ciudad en stand-by.
Ella me observa desde un rincón,
espera una llamada,
en segundos ya esta a mi lado,
agazapada avanza atenta
a las señales de mi cuerpo.
Me habla, me mira a los ojos,
huele mi mano, mi brazo
hasta llegar a mi cara.
Y ya sabiendo que no hay rechazo
olfatea mi pelo
se detiene en mis pestañas
y me declara su amor
con un murmullo...

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